Quien soy yo, para exigir a los demás
Y aquí no estoy hablando de exigir que se cumplan mis derechos como consumidor, no hablo de exigir que los organismos públicos (justicia, policía, el paro...) me amparen, no hablo de exigir resultados a alguien que contrato, no hablo de la exigencia a alguien que esté a mi cargo en mi trabajo. Aquí hablo de exigir actitudes o formas de interactuar en mis relaciones personales, ¿ puedo exigir o tengo autoridad para exigir a las personas que me rodean? Es decir, a mis amigos, a mi familia, a mi pareja.....
Me parece que este problema es algo que debemos plantearnos todos, porque, por regla general, cada uno de nosotros tenemos a menudo un sentimiento de inferioridad con mucha gente con la que nos relacionamos, creamos dependencia, y creemos que lo que crezca o no la relación depende casi más de los demás. No estamos en posición de exigir a los demás, ya que ellos se relacionan conmigo, y quizá yo ni me lo merezca, en esta situación, si nos planteamos si somos nosotros quien podemos exigir enseguida lo descartamos. Yo, con mis defectos, con las miserias que encuentro en mi, ¿cómo voy a exigir al otro nada?
Todos tenemos derecho y autoridad para exigir, pero ¡ojo!, no de cualquier modo, ni a cualquier nivel. Para ver con claridad esto, creo que hay que analizarlo desde dos puntos de vista básicos; por un lado, ¿qué puedo exigir?, ¿Qué implica mi exigencia?, y por otro lado ¿en qué medida podemos exigir a los demás? O ¿hasta qué punto o nivel de exigencia? Tratare de afrontar estos dos pilares por separado.
1.- ¿Qué puedo exigir?, ¿qué implica mi exigencia?:
Puedo exigir la actitud que me parezca adecuada para cada una de las personas que me rodean, puedo exigir que te relaciones conmigo con sinceridad, puedo exigir que me hables abiertamente, puedo exigirte que tus conversaciones no sean continuamente superficiales, puedo exigirte que me demuestres cariño si es que me haces creer que soy importante en tu vida, puedo exigir que tengas coraje para afrontar ciertas decisiones, y sobre todo, puedo exigir que me hagas sentir a gusto y feliz cada vez que estás conmigo. Pero cuando exijo todas estas cosas, no quiero decir que tienes la obligación de cumplirlas si no quieres, esa decisión, por supuesto, es de la otra persona, pero inevitablemente yo también tengo libertad individual y derecho a ejercerla. De este modo, es responsabilidad tuya cumplir mis exigencias o no, pero es sólo mía, aceptar si las cumples o no. Si las cumples no vas a ser una persona ‘buena’, y si no una persona ‘mala’, pero si te vas a convertir en una persona con la que quiera compartir mi vida, o con quien no quiera. Tu puedes decirme que yo no tengo por qué exigirte nada, pero finalmente yo elijo con quien paso el tiempo, y eso si que no me lo puede exigir nadie porque es mi elección libre e individual. Por ejemplo, si yo exijo sinceridad, y no eres sincero, elijo no pasar tiempo contigo, tú me dirás ¿quedamos mañana? No gracias, no me apetece, porque no me aportas lo que yo exijo a quien me rodea, tu dirás ¿y tú quien eres para exigirme a mi nada? Y te diré que no soy nadie en el sentido en que me lo estás preguntando, que no te juzgo, que no valoro si está bien o mal, que no voy a ir anunciando que eres una mala persona, pero que si no me aportas lo que yo necesito, lo busco en otras personas. Yo elijo mi camino. Tú eliges tu camino.
2.- ¿Hasta que punto o nivel podemos exigir a los demás?
Esta es otra cuestión difícil, y para empezar voy a utilizar una frase de A. Einstein: “Dar ejemplo no es la mejor forma de enseñar, es la única”. De esta forma, si yo miento continuamente, no tendré jamás autoridad para exigirte que no mientas nunca, u otro ejemplo, no puedo exigirte que para el fin de semana me organices un plan nuevo y divertido y cada vez que tú me preguntas, ¿qué hacemos este fin de semana? Yo digo que no se me ocurre nada. Aquí viene la parte más difícil para conseguir la autoridad de exigir, que es mirarnos a nosotros mismos y ver como somos, encontrar nuestros fallos y lo que realmente nos gustaría cambiar, para poder entonces valorar también lo que hacen los demás.
Este ejercicio es muy difícil para cualquiera, y cualquiera acepta de boquilla que tiene fallos, pero pocas personas piensan en ello, recopilan todos sus fallos, los aceptan de forma abierta. Por poner un caso, y siguiendo la dirección marcada por la frase de A. Einstein, yo soy el primero que tiene muchos fallos y cosas que no me gustan, y ¿qué mejor forma de aceptarlo y comprometerse con ello que escribirlo en Internet para que cualquier persona del mundo pueda saber mis fallos? Así puede echármelos en cara cualquiera si discute conmigo, o alguien puede leerlos y decir ‘que desastre de persona, la quiero lejos de mi’, o decirme: “tu no me digas nada que tienes todos estos fallos;...”. Muy bien, no me importa, cada uno sabrá lo que hace, pero yo tengo muchos fallos, muchos; Soy una persona bastante tímida, no me abro a los demás tal como soy hasta que no pasa cierto tiempo, soy una persona con muchos miedos, una persona cobarde en muchos aspectos, parte de esa cobardía es la madre de mi timidez. Tengo muchos miedos distintos, miedo a no cumplir lo que se espera de mi, miedo a que me hagan daño psíquico, y también miedo material, tengo miedo al dolor, quizá demasiado miedo al sufrimiento físico. Soy una persona que también tiene complejos, varios complejos, complejos físicos y personales, conozco mucha gente que también tiene complejos, esto provoca en mi sentimiento de inferioridad, timidez también, y hacerme más reservado con los demás de lo que podría ser. Soy una persona fría, me cuesta mucho demostrar mis sentimientos o ejercer cariño, no porque no lo viva o no lo sienta, pero exteriorizarlo es un camino muy largo que aún tengo y quiero recorrer. Soy una persona que no puedo evitar prejuzgar, valoro como son otras personas con primeras impresiones, no lo hago siempre, y lo hago lo menos posible, pero lo hago, muchas veces me llevo gratas sorpresas, aunque también me llevo desencantos, admito que lo hago a veces, así que admito que las demás personas lo hagan en cierta medida. Tengo muchos más defectos; soy desordenado y desorganizado, soy descuidado con mis cosas, en ocasiones he mentido, aunque la sinceridad es un camino que trabajo bastante, y creo que convivo en muy alto grado con ella. Me infravaloro en muchos aspectos, y soy dependiente de que me valoren los demás para sentirme bien. Me permito corregir en muchas ocasiones a los demás, incluso a veces se sienten ofendidos y quizá no tenga demasiado tacto para hacerlo. Soy una persona que utiliza su memoria selectiva también para recordar el daño que me han hecho los demás, y a veces me cuesta perdonar realmente una ofensa, intento convivir con ella, pero me sigue revolviendo las tripas. No soy impulsivo, y en ocasiones no soy capaz de seguir mis deseos internos aún sabiendo que me van a hacer más feliz. Tengo miedo a estar sólo, muchas veces paso largo tiempo al teléfono con distintas personas, aunque me apeteciera un tiempo para mí, sólo por intentar sentir la seguridad de que no estoy sólo, de que hay gente que esta pendiente de mí. En ocasiones no soy capaz de medir la importancia de las cosas para los demás, y no me tomo demasiado en serio cosas que a otra persona le puede hacer daño. Utilizo en ocasiones mi inteligencia para manejar a otras personas, mareándolas en complicados razonamientos, o buscando chantajes o estrategias como en una partida de ajedrez. A veces remarco mis cualidades cuando estoy con alguien que no las tiene, porque así con el contraste, las veo reforzadas, ya que no soy capaz de valorármelas por sí mismas. En fin, seguro que me dejo en el tintero muchas más carencias de las que he sido capaz de poner aquí, pero bueno, para los que me conocéis seguro que en vuestra cabeza podéis completarlas más. Así que para todos aquellos que vais a estar a mi lado, ya estáis sobre aviso.
Parece contradictorio, pero en este caso, observar y analizar mis fallos, me da autoridad, el defecto se convierte en virtud, porque yo no voy y no puedo exigir a nadie que sea mejor que yo, o que no tenga los fallos que he enumerado en mi persona, pero si puedo exigir que admita sus fallos, como yo hago, o que cumpla ciertos niveles de sinceridad o que desarrolle también las cualidades que yo pueda tener, aunque fueran menos.
Todos tenemos fallos, nadie es perfecto y todos lo sabemos, tú y yo incluidos, pero que tengamos fallos no quiere decir que tengamos que tragar con todo. Exígeme lo que necesites, lo que te vaya a hacer feliz, porque si no, juntos no vamos a ser felices ninguno de los dos, pero tienes que ser consciente de que yo también te voy a exigir, que esto no te preocupe, ya que no te voy a exigir que seas Dios, pero tu relación conmigo exige un esfuerzo tanto mío como tuyo. Y estamos tú y yo en el derecho de exigirlo!

Toro dijo
Para todos los que me conocen seguro que han pensado lo primero que me he dejado uno de los principales defectos que tengo, quizá el más conocido y molesto para la mayoría: La impuntualidad. Lo siento, lo intento corregir, poco a poco....
24 Septiembre 2006 | 06:58 PM